6 de octubre de 2009

De vuelta en gira

La última excusa para seguir de viaje fue la visita de familiares del lado francés. Esta vez había que planificar dos fines de semana. No nos costó mucho acceder a repetir parte de la ruta ya recorrida, ya que los paisajes son inagotables. Además, ya en otoño se pueden apreciar los famosos cambios de colores en los árboles. Es un espectáculo imperdible que sin duda y junto al clima, hace del otoño la mejor estación del año para conocer Quebec.

Entre paseo y paseo, cumplimos con varios reductos de comida rápida típicos de Montreal. Primero probamos el publicitado Tim Matin. Una bomba atómica disfrazada de desayuno. Mi hígado no aguantó y me dejó en boxes por varios días.

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Tim Matin, de Tim Horton... Puaj, no puedo ni nombrarlo sin que me provoque arcadas. Lo que tiene de feo lo tiene de pesado.

Luego volveríamos a La banquise, uno de las referencias a la hora de conocer la poutine montrealesa. Lamentablemente, la atención dejó mucho que desear. Resulta que por haber calculado mal la propina, el mozo nos retó como a niños al punto de casi obligarnos a dejar más dinero! Todavía me pregunto por qué no le cambian el nombre de propina a "contribución obligatoria mínima de 15%".

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La famosa poutine. Me van a decir que eso no merece propina?!

Un par de días más tarde le llegó el turno a Schwartz, la tradicional cafetería montrealesa para comer carne ahumada.

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Una especialidad judía que ya es patrimonio del circuito turístico de Montreal.

La ruta nos llevó de nuevo hacia el lado de las ballenas, con noche en distintos chalets.

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En algún lugar del Quebec profundo de cuyo nombre no puedo acordarme...

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Al borde del lago Megantic.

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Aprovechando la compañía del sol.

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Parque Nacional

De paso nuevamente por Quebec, esta vez para ver la reserva local.

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Y recorrer más tranquilos el centro histórico.

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Luego vendría Tadoussac nuevamente, con sus atardeceres perfectos en compañía de las ballenas (esta vez menos tímidas).

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Qué fácil es sacar fotos así!

El segundo fin de semana tendríamos el agrado de volver a pasar por Knowlton justo al momento que el pueblo festejaba una carrera de patos. Tras develar el misterio de lo que eso significaba (una competición de patos de goma flotando en el río), nos dedicamos a recorrer la feria. Fue una buena oportunidad para probar licores de erable (arce en español?) y probar una tabla de quesos "made in Quebec".

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Nada mal el licor de erable y mejor aún la tabla de quesos.

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Los "cantones del este".


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Y así despedimos nuestros últimos huéspedes. Siempre es un placer recibir buena compañía. Esperamos que vengan más visitas y esperamos recibirlas pronto!

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4 de octubre de 2009

Segunda ronda de escapadas

Nuestra próxima invitada llegaría de Bruselas. No era el mejor momento para lucirse como anfitriones, ya que ambos estábamos con horarios complicados en el trabajo, lo que hacía que durante la semana sólo pudiéramos conversar algunas horitas por la noche antes de ir a descansar.
Para colmo, las mañanas comenzaban bien temprano con la furia de los taladros neumáticos como despertador.
Durante el fin de semana aprovechamos para seguir descubriendo la provincia. Esta vez partiendo en la dirección opuesta, hacia el sur, cerca de la frontera con Estados Unidos.

Primero fue la visita a una reserva en la aprendimos un poco sobre el modo de vida de los amerindios locales y sus famosas "casas largas".
Rendido a la pereza dominguera, más que intentar deletrear bien el nombre, prefiero remitirme a la foto.

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Thiionhia... eso.

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Los pasillos angostos en la entrada, dicen, eran para evitar las invasiones masivas.

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Claro, es una reproducción, pero así habría sido el interior de una de las famosas "casas largas".

Otro descubrimiento, casi por casualidad, fue Knowlton, un cuidado poblado al borde de un lago (como todo poblado aquí). Una buena excusa para ofrecernos un café antes de continuar el viaje.

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Knowlton.

La última escala antes de volver a Montreal sería Magog.

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Magog.

2 de octubre de 2009

La primera excusa para pasear

Así fue que entre escombros y máquinas excavadoras recibimos las primeras visitas de París. Justo ese día jugaba River Plate contra el Impact de Montreal. Por más que me pese como seguidor de Racing, la presencia de River aquí es lo más parecido al fútbol argentino tan añorado.

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River en acción, o a pan duro buenas son tostadas.

Una vez terminado el partido, partimos corriendo bajo la lluvia para recibir la primera de las amigas de mi esposa que nos esperaba leyendo en un café. Por fin alguien nos daba la excusa de recorrer Montreal como turistas, algo que por varios motivos no habíamos hecho hasta entonces.

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La ciudad desde el puerto y con los colores del verano.

Así paseamos sin prisas por el viejo Montreal, bordeamos el puerto, nos regalamos una tarde en el Biodomo y el jardín botánico, revolvimos centros comerciales, atravesamos el barrio chino y probamos "especialidades locales" como la poutine.

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El jardín botánico.

Durante tres días le sacamos el jugo a un coche de alquiler para asomar la nariz al interior de la provincia de Quebec. Comenzamos a subir bordeando el río. Pasamos por Trois-Rivières, la ciudad de Quebec, l'Île d'Orleans (donde hicimos noche), los saltos de Montmorency (porque el nombre cataratas le queda grande), y el pintoresca pueblito Baie-Saint-Paul para finalmente terminar en Tadoussac, punto de referencia para la observación de ballenas.

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Trois-Rivières.

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El Chateau Frontenac, en la ciudad de Quebec.

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Camino a la Isla de Orleans.

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Les chutes de Montmorency.

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Baie-Saint-Paul.

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Tadoussac.